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El Parasito Del Pecado

30.01.2013 07:57

 

El parásito del pecado

Es bueno e importante vivir un estilo de vida sano y tener una buena presencia, pero ¿de qué sirve si el alma se está llenando de odio, envidia, rencor, culpa no perdonada, desenfreno, afanes y perversiones? El pecado realmente es un problema serio.

Así como los parásitos no solamente impiden el crecimiento normal, sino también deterioran el cuerpo hasta consumirlo por completo, el pecado domina la mente con placeres vanos, eclipsa el discernimiento espiritual para después confundirlo sobre lo correcto e incorrecto; como ocurre en este tiempo de carnavales. Cuántas personas se dejan llevar por el pecado sin considerar las consecuencias que en muchos casos destruyen la vida: accidentes bajo la influencia del alcohol, violencia, infidelidad, matrimonios rotos, niños que sufren, muchachas que no pueden terminar su carrera porque quedaron embarazadas por algún irresponsable que deja su “amor de una noche” en la estacada – sufrimiento sobre sufrimiento.

Pero esto no es todo. A diferencia de los parásitos arriba mencionados, el parásito del pecado no sólo en casos extremos sino siempre lleva hacia la muerte, la muerte espiritual que es la separación de Dios y luego la muerte eterna que es el infierno. No creas que en el infierno la fiesta seguirá, como algunos se burlan. El infierno es la ausencia completa de Dios, y por lo tanto de todo lo bueno. Ya no habrá nada bueno ni bonito, sólo sufrimiento y martirio sin ningún alivio (vea Lucas 16:19-31).

El remedio

Me alegro tener también una buena noticia y no sólo la horrible del infierno – aunque ésta también es realidad y no te la puedo ocultar.

¡Hay un remedio para limpiar tu alma del pecado! No es ningún polvito dudoso ni tampoco se trata de ritos ni de poseer alguna membresía en una organización. No te cuesta ni ocho ni cinco Bolivianos o Pesos o Dólares o en qué moneda sea que cuentes. Es totalmente gratuito, aunque es más precioso que todo el oro del mundo. El remedio que te puede limpiar de tus pecados es ¡la Sangre de Cristo!

Jesucristo pagó este precio inimaginablemente grande de dejar el cielo y sufrir el castigo por tus pecados, experimentando la muerte más cruel que la humanidad ha inventado, en la cruz. Allí también sufrió el desamparo de su Padre Celestial que le dio la espalda porque Cristo estaba cargado con nuestros pecados. En la cruz sufrió el desamparo de Dios y derramó su sangre para que nosotros podamos ser librados de nuestros pecados y del castigo eterno que mereceríamos.

Porque Jesucristo mismo nunca cometió pecado, venció la muerte y resucitó al tercer día. Ahora te ofrece el perdón y la limpieza de tus pecados, si es que estás dispuesto a dejarlos y someterte bajo el señorío de Él. La vida con Cristo es una vida nueva y plena en la que él sanará las heridas que el pecado te ha causado, te enseñará a vencer el pecado y te dará la certeza de que pasarás la eternidad con Dios.

“Si decimos que no tenemos pecado, nos engañamos a nosotros mismos, y la verdad no está en nosotros. Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad” (1 Juan 1:8-9).

¿ Quienes son los Heroes Verdaderos?

02.10.2012 21:48

Pero yo os digo: Amad a vuestros enemigos, bendecid a los que os maldicen, haced bien a los que os aborrecen… (Mateo 5: 44) 

¿Quiénes son los héroes verdaderos? No son los príncipes valientes que nos ilustran los cuentos de hadas, trotando con sus corceles y rescatando doncellas por los castillos. Tampoco aquellos que con espadas y armas de fuegos tratan de acabar con el odio de sus enemigos. De esta manera terminan a veces las guerras, pero con dolor y destrucción, provocando una continua venganza. Los verdaderos héroes son aquellos que nos dice el Señor, aman a sus enemigos, los bendicen y les hacen todo el bien que puedan como sus mejores aliados. Si quieres salir vencedor y convertirte en un héroe verdadero, pues te aconsejo que lo hagas al modo cristiano.  

“Haz de tu enemigo un amigo” 

Tres pilluelos del pueblo iban al patio de una casa donde se daban los mangos más deliciosos de todo el condado. Allí vivía un anciano, que con gritos y piedras los espantaba. Aún así, la astucia y picardía de los chicos era tremenda. Mientras uno enfrentaba al anciano con ofensas, los otros se encargaban de recoger los mangos, logrando su objetivo. Esto sucedía verano, tras verano. Hasta que al finalizar una de estas temporadas el anciano cansado de ahuyentar a sus rivales pensó: “Estos muchachos no dejan de mortificarme y no logro lo que quiero. Tendré que trazarme otra estrategia para vencer y ser el héroe de esta guerra, ¡Ya sé! –exclamó.

Pasó el otoño, el invierno, primavera y al llenarse de frutos el verano, los chiquillos se aparecieron en los límites del patio, el que siempre distraía al anciano comenzó a gritarle los acostumbrados agravios, pero al pasar el rato, nadie salió y decidieron entrar todos, pensaron que no había nadie. “¡Y esto que significa!“ –exclamaron al ver las puertas abiertas y todos los frutos servidos en cestas. Esto les dio aún más curiosidad y se adentraron en la casa, presentían que algo raro pasaba. “¡Pero que le sucedió Señor!” –dijo el chicuelo que siempre insultaba al anciano al verlo enfermo en cama. “Nada hijo, no encontraba la forma de salir victorioso y me dije una cosa, solo venceré a mi enemigo, cuando haga de él un amigo.

Así fue que me dispuse a recoger todas las primicias del verano para ustedes. Ante esta actitud, los muchachos aprendieron una gran lección, experimentando afecto y cariño por primera vez por aquel hombre quien continuamente mortificaba. Cuentan que los pilluelos atendieron al anciano hasta su recuperación y todos los veranos se reúnen como los mejores amigos a compartir de los deliciosos mangos que un día fueron motivo de guerra, pero que ahora son de una linda amistad.

Oración: Con el ejemplo de tu amor Señor, aprendemos a amar a nuestros enemigos. Gracias por arrancar toda amargura y odio al sacrificarte por nosotros. Amén.

Pensamiento: Cristo nos enseña cómo hacernos de amigos, amando a nuestros enemigos.